viernes 7 de noviembre de 2008

El sector del automóvil aprovecha la crisis para anunciar miles de despidos

Los movimientos especulativos financieros, que están poniendo en jaque a la economía internacional hasta el punto de hablar de la necesidad de «refundar el capitalismo», vuelven a golpear, precisamente, a quienes contribuimos a generar riqueza. La desconfianza y la falta de liquidez de muchas entidades bancarias, y su cerrojo a la hora de conceder créditos, están provocando que la economía capitalista, basada las inversiones, en la explotación laboral y en el consumo, sufra un promovido estancamiento. Esta especie de agarrotamiento económico se ha evidenciado durante los últimos meses en distintos sectores. Empezó con el textil, a él se ha sumado el de la construcción, y últimamente el automovilístico, que durante las últimas décadas se ha tomado como referente de la buena marcha de la economía, pues tiende a ser un indicativo de la misma debido al empleo directo e indirecto que genera.
Actualmente son 18 las fábricas de automóviles instaladas en España, siendo todas ellas rentables económicamente, puesto que tienen beneficios. No obstante, el sistema de producción que se ha seguido durante las últimas décadas, basado en la sincronización de entregas entre los proveedores, lleva a que el margen de ganancias se atenúe cuando alguno de ellos se retrasa, ya sea por cuestiones puntuales o por la imposibilidad de pequeñas empresas subsidiarias a la hora de obtener financiación.
Entretanto, la psicosis generada ante la crisis, a pesar de ser un hecho generalizado en la actual economía globalizada, ha provocado que tengamos un descenso de ventas de automóviles mayor que el de nuestros vecinos. El pasado mes de octubre las matriculaciones disminuyeron un 40%, evidenciándose este bajón en los monovolúmenes y todoterrenos, vehículos de consumo, claramente prescindibles en época de crisis, sobre los que se sustentaban los últimos reclamos publicitarios.
Amparándose en ello las firmas automovilísticas se están escudando para anunciar despidos o exigir una mayor flexibilidad laboral que esté sujeta a sus ventas. Esta coacción, habitual en el sector, ha sido una constante en distintas marcas y durante las últimas semanas. En la factoría que SEAT tiene en Martorell (Barcelona) se empezó a hablar de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en el que se verían afectados 400 empleados que serían enviados a casa con paros temporales de 20 días. Finalmente esta cifra se ha aumentado hasta los 750 trabajadores. A esta estrategia, desgraciadamente, el grupo Volkswagen ya nos tiene acostumbrados.
Por su parte, Nissan, ubicada también en Barcelona, y pese a haber tenido unos beneficios de 230 millones en los últimos cuatro años, ha aprovechado la oportunidad para anunciar un ERE por el que pretende despedir a 1.680 trabajadores, un 40% de la plantilla. Su intención es echar a 1.300 empleados en lo que queda de año, y el resto durante los 12 meses siguientes. El interés de esta firma japonesa por llevarse la producción a otros países no es nuevo, y ahora no quieren perder la oportunidad. Actualmente la empresa está agrupada dentro del grupo Renault-Nissan, y ante el costoso número de despidos directos e indirectos que acarrearía, se han producido contactos entre el gobierno autonómico y central con su homólogo francés. Y es que no sólo se trata de Nissan, Renault pretende eliminar 4.000 puestos de trabajo en Europa, y pese a no haberse citado qué países se verán afectados, el revuelo ocasionado en las factorías que la empresa tiene en Valladolid, Palencia y Sevilla ha sido evidente. Al parecer el gobierno francés optará por proteger los puestos de trabajo de ambas firmas en su territorio, de ahí que los contactos entre las distintas Administraciones. En esa vorágine de despidos, Ford y General Motors (GM) —fabricante de Opel—, anunciaron el mismo día cuáles son sus planes, que pasan también por reducir sus plantillas. Ford se ha acogido a un ERE temporal que afecta a 1.300 trabajadores de su fábrica de Alfussafes (Valencia), y la GM ha hecho lo mismo con otros 600 trabajadores de la planta que tiene en Figueruelas (Zaragoza).
Desgraciadamente, es habitual que por cada despido directo en este sector se generen varios más en otros sectores subsidiarios dedicados a la elaboración de componentes. De ahí que en la factoría italiana de neumáticos que Pirelli tiene en Manresa (Barcelona), se anunciasen 280 despidos —un 30% de la plantilla— o que la multinacional estadounidense, Delphi, líder en recambios automovilísticos, ubicada en Sant Cugat (Barcelona), anunciara otro ERE temporal que afectará a 800 trabajadores —más de un 70% de trabajadores—.
Es evidente que ante el descenso de ventas promovido por un parón en el consumo, las multinacionales del automóvil, nuevamente, pretenden aprovechar la oportunidad para trasladar la producción allá donde les pueda ser más rentable. De las ayudas ofrecidas en su día para que se implantaran no se habla. Utilizan el temor generado por el desempleo que ellas mismas generan al apostar por el sistema productivo que más les interesa, y optan por chantajear a sus trabajadores y a la Administración para obtener una producción adecuada a sus intereses, para conseguir más flexibilidad laboral, para convertirnos en meros jornaleros de la industria.
Puede que la actual situación no sea la más idónea, pero si tienen beneficios y han recibido ayudas públicas, no hay que dejarles la puerta abierta. Evitemos la sangría de despidos.