Hace algunas semanas parte de la prensa sacaba a la palestra un curioso enfrentamiento: «mossos d'esquadra» contra jueces. Al parecer, indignados ante la inminente sentencia condenatoria de 6 años y 7 meses a tres agentes acusados de torturas a un detenido, la policía autonómica respondió filtrando la exigencia de trato de favor por parte de una jueza, armándose un considerable revuelo en el que sorprendentemente muchos salieron a posicionarse.La evidencia del enfrentamiento entre algunos jueces y la policía catalana se hacía pública, pero lo que es más interesante: también la revelación de una supuesta connivencia entre el estamento judicial y el policial. En un informe desvelado a la prensa se detallaba el requerimiento de dicha jueza a varios agentes para que se saltasen por alto el haber dado positivo en un control de alcoholemia. «Yo por ustedes me salto muchas veces el procedimiento y a partir de ahora no voy a creer nada de sus historias», fueron sus palabras. Tras la publicación de la noticia, el juez decano de Barcelona, en una carta dirigida al director general de los «mossos» le avisó de que las reiteradas filtraciones podrían conllevar «la quiebra de la confianza» que los jueces acostumbran a tener con la policía autonómica. Posteriormente, el desencuentro entre ambos estamentos derivó en varias declaraciones de otras personalidades públicas. De la crítica consellera de justicia, hacia el decano y de su alabanza a los «mossos» se pasó al toque de atención que ésta sufrió por parte del «honorable» Montilla en un intento de recuperar el seny. Sin embargo, que se haya sabido, todos, excepto los propios jueces, han loado las actuaciones policiales y hecho un llamamiento a recuperar dicha sensatez, no sea que terminen por salir más trapos sucios de los democráticamente digeribles. Desde Convergència se exigía que no se juzgase precipitadamente a los «mossos», y hasta el secretario de la UGT catalana, en un artículo que llevaba su firma, esgrimía en su titular un «Yo creo en los "mossos"». Intrigantes posicionamientos que no hacen si no entrometerse donde nadie les ha llamado en favor de un cuerpo policial que, tras presentársenos como ejemplar y moderno, tiene abierto varios procedimientos judiciales por su negligente actitud.
¿Serán casuales las filtraciones a la prensa y las declaraciones posteriores de apoyo a los mossos? En vista de lo descrito parece lógico pensar que no. Lo que ha ocurrido se asemeja más bien a las «actuaciones disuasorias» de J.E. Hoover, aquel director del FBI al que ningún presidente estadounidense se atrevió a destituir por temor a que se desvelase algo más que información confidencial.
Demasiado ha sido el revuelo suscitado para una sentencia que jurídicamente podría haber tenido mayor castigo, y además, todo apunta a que previsiblemente será rebajada cuando llegue al Tribunal Supremo para evitar que los «mossos» pasen por prisión. De fracasar este recurso siempre podrán solicitar un indulto del gobierno, no siendo la primera vez que algo así se concede a policías previamente condenados.
Es por ello que la sentencia, salvo para el orgullo policial de los mossos», terminará siendo lo de menos. Lo que verdaderamente preocupa a quienes nos controlan y legislan, hasta el punto de exigir una llamada al orden, es que se les escape cualquier atisbo de connivencia entre los distintos estamentos del poder.