jueves 16 de abril de 2009

El Papa levantó otra polémica en África al criticar el uso del condón en la lucha contra el sida

Al igual que América Latina lo fuese para su predecesor, África es la nueva apuesta expansionista del Vaticano. De ahí que el último viaje del Papa tuviese como destino ese continente. Sin embargo, su viaje no ha estado exento de polémica. En unas declaraciones previas, Ratzinger se ganó a pulso duras críticas y hasta exigencias de rectificación pública. En esta ocasión, cegado por su afán expansionista, se lanzó en una cruzada contra la utilización del condón como método de prevención del sida, al declarar que su avance «no puede solucionarse a través de la distribución de preservativos, que agravan aún más el problema», ofreciendo como fórmula para frenarlo «la fidelidad dentro del matrimonio heterosexual, la castidad y la abstinencia».
Como era de esperar, las asociaciones que llevan décadas combatiendo la propagación del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y tratando a los afectados, saltaron como un resorte para criticar tan necias palabras, que de ser tenidas en cuenta por los embaucados por esa religión podrían condenarles a la muerte. No en vano, en 2007, la UNAIDS –organismo de la ONU que estudia la evolución del sida– recogía en su informe que de los 32,9 millones de personas infectadas en el mundo, un 67% habitaban en el África subsahariana, y el 75% de todos los fallecimientos registrados por el sida durante ese año se produjeron allí.
Sin ninguna duda buena parte de la responsabilidad moral de esas muertes habría que achacársela a la Iglesia católica y a sus burdos intereses en promover una fe alejada de toda realidad. Aunque tradicionalmente la postura de la Iglesia católica ha sido la de oponerse a este método anticonceptivo –algo que siempre se le ha criticado–, las campañas de prevención basadas en este método barrera para frenar el aumento de los contagios por el VIH están empezando a dar sus frutos en ese continente, y según se desprende del citado informe, a excepción de Mozambique, se está consiguiendo reducir la prevalencia del virus en la zona. 
En vista de ello, resulta obvio pensar que las palabras de Ratzinger se producen en el momento más inoportuno y son fruto de un fundamentalismo evangelizador alejado de todo sentido humanitario. Así lo han entendido varias revistas científicas. Sin embargo, que se sepa, sólo en el editorial de The Lancet –la prestigiosa revista médica británica– se ha pedido públicamente que se retractarse de sus palabras por «distorsionar públicamente la realidad científica para promover la doctrina católica», para cuestionarse además que «no está claro si el error del Papa se debe a la ignorancia o a un intento deliberado de manipular la ciencia para apoyar la ideología católica». Algo que en términos socioeconómicos se traduciría en despreocuparse de las muertes que puedan originar sus palabras a cambio de extender su fe y, en consecuencia, los beneficios del Vaticano.